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El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde

14 octubre 2009

el_retrato_de_dorian_gray“El artista es creador de belleza. Revelar el arte y ocultar al artista es la meta del arte”

Así comienza el prefacio de la única novela de Oscar Wilde, en la que reúne de forma resumida la mayor parte de su pensamiento estético. Wilde estudió en la universidad de Oxford, en torno a un hervidero de teorías estéticas y críticas de cuyas ideas se alimentó. Por un lado, fue influido por los postulados de los pintores prerrafaelitas, contrarios al materialismo y que entendían el arte como una dimensión social. Por otro lado, Wilde defendió el arte por el arte. El arte simplemente como belleza sin ninguna otra utilidad más que la de contemplarlo, la de proporcionar felicidad y hacer olvidar al desdichado, durante unos instantes, de sus desgracias. En definitiva, la belleza al margen de cualquier consideración moral, el esteticismo en su más esplendorosa pureza. Wilde, también estaba en contra de la limitación de la libertad de expresión y consideraba al artista como único responsable de lo que producía con absoluta libertad: “Anhelo el tiempo en que la estética substituya a la ética, cuando el sentido de la belleza sea la ley que domine la vida”.

El retrato de Dorian Gray es la novela estética por excelencia. Es una historia original propia de la narración fantástica, aunque con cierta similitud al Fausto de Goethe, ya que los protagonistas de ambas obras actúan mediante el deseo ambicioso de alcanzar la eterna juventud. Está escrita en la época de la Inglaterra victoriana, donde reinaba el materialismo, donde las apariencias, la riqueza y las reuniones sociales estaban al orden del día. El escritor aprovecha la fea e insulsa situación artística heredada por el industrialismo para hacerse con las riendas del nuevo movimiento estético y revalorizar la importancia de la belleza en el arte y la vida. En la novela se respira trasgresión, rebeldía, provocación y una larga lista de atributos que rompieron con la tradición conservadora inglesa. Algunos de sus coetáneos, no sólo se burlaron de su excéntrica forma de vestir o de sus consejos para la decoración, sino que también lo tacharon de sensiblero a la hora de escribir El retrato de Dorian Gray. No obstante, cuando se habla de arte y de belleza la sensibilidad es compañera de batallas. Wilde supo reflejar, irónicamente, en esta novela, un modo de vida costumbrista de la sociedad de ese período, obsesionada por la vida pública y las relaciones sociales.
Dorian Gray, nuestro protagonista, es un joven inglés tímido e ingenuo dueño de una magnífica belleza, envidia y deseo tanto de hombres como de mujeres. El pintor Basil, contagiado por una obsesión insana por el físico y la personalidad de Dorian (como afirma Wilde: “Una historia de amor estético”), plasmará esa belleza efímera del cuerpo en un lienzo virgen, convirtiéndola en algo que el tiempo no podrá ocasionar daño alguno. Es decir, el retrato de Dorian Gray es mucho mejor que el propio Dorian Gray porque éste no puede envejecer. Ya desde el inicio de la novela, a través del imperioso deseo del muchacho por ser joven eternamente, el retrato pasa a ser su alma y su cuerpo deja de ser un cuerpo perecedero. He aquí el pacto que compromete su destino: “¡Si ocurriera lo contrario, si fuera yo siempre joven, y este retrato envejeciese!”

Otra figura importante es la de Lord Henry, que será el encargado de mover los hilos y mostrar el camino de la perdición a un Dorian encandilado por la belleza eterna. Los consejos de Lord Henry harán de la vida de Dorian una vida entregada a las experiencias sensuales, una vida repleta de tentaciones, una vida en la que coqueteará con aquello que la sociedad victoriana considera pecado. El hedonismo guiará la existencia de Dorian en busca del placer ilimitado. Por ello, el cuadro soportará la fealdad de esos pecados, su alma se irá corrompiendo. El retrato es la expresión de sus actos inmorales, el rostro pintado en el lienzo muestra su degradación. Wilde reivindica la superioridad del arte ante la vida y la naturaleza, el arte por encima de la moral. El artista libre tiene la posibilidad de crear obras de arte superiores a la vida. Obras bellas, perfectas.

Wilde hace gala de una gran destreza con la pluma. Su prosa es poesía. Pertenece al grupo de los escritores que convierten la literatura en un placer irresistible gracias a su gran imaginación, su agudo ingenio y un talento innato. Independientemente de lo que cuente la historia, leerlo es un deleite. Si habláramos en términos estrictos sobre lo que dice la palabra gusto, nadie negaría que la novela tiene el sabor de un manjar sublime, aquel que sabe bien a todos los paladares. Se requiere cierto tiempo para una lectura meticulosa, profundizando en cada uno de los fragmentos que componen la obra para no perdérnosla y empaparnos así de una serie de pensamientos y frases ingeniosas: “La belleza es como la luz del sol o la primavera, no necesita explicación. No admite discusión”. Páginas rebosantes de reflexiones filosóficas, de la vida, de la juventud, de la belleza. Todo un placer estético e intelectual. El texto en general combina una exquisita descripción con el uso de los diálogos, aunque en muchas ocasiones abusa de ellos para encauzar la trama, utilizándolos también, para trazar la personalidad de cada uno de los personajes y las relaciones entre éstos. Los diálogos son extensos, plagados de metáforas, pero no por ello vacuas o innecesarias. Consecuencia ésta (los diálogos), de haber tenido un pasado estrechamente unido a la producción teatral. Por esa misma razón, cuando leo El retrato de Dorian Gray no tengo la sensación de estar leyendo una obra de teatro, normalmente árida en descripciones, sino que me siento como si estuviera sentado en la mejor butaca de un teatro viendo pasar delante de mi una serie de imágenes en movimiento con toda clase de detalles.

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One Comment leave one →
  1. 17 octubre 2009 23:29

    Sí que es un placer leer a Wilde, ya sea a través de sus relatos, comedias o de esta novela que leí hace años, pero que recuerdo como fascinante.
    Esta transparencia con que critica las sociedad de su tiempo -y que en este momento viene a mi mente a través de su teatro-, es al mismo tiempo tan incisiva y mordaz, que su lectura resulta tan recreativa como enriquecedora.
    Muy buena reseña, saludos.

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