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Mr. Vértigo, Paul Auster

14 octubre 2009

MrVertigo

Desde niño siempre soñé con volar, alzar levemente los pies del suelo y levitar, que el viento me secuestrara en un viaje por las nubes. Sentía la necesidad de saltar al borde de un precipicio y burlarme de las leyes de la gravedad. Ese deseo bullía frenéticamente en mi interior mientras observaba a los livianos pájaros, a las incansables libélulas, a las águilas de elegante vuelo, incluso, cuando ellos se posaban a descansar en la rama de un árbol los envidiaba con un rabia enorme. Sin embargo, mis pies pesaban y no era un niño especial. Paul Auster me ofreció la oportunidad de regresar a aquella época a través de un caminito de palabras, soñar de nuevo, recordar los tiempos de piruletas pegajosas y caricias de grandes manos sobre mi cabeza. Porque todavía me gusta soñar con volar, las piruletas pegajosas y que me despeinen de un manotazo.

Mr. Vértigo es un cuento de hadas para adultos. Narra la historia de Walt, un huérfano de nueve años que es acogido por un hombre misterioso. Un hombre cuyo principal objetivo es el de enseñar al pequeño a volar. Se trasladan a una granja donde comenzará el duro entrenamiento de Walt, que consistirá en someterse a una serie de pruebas realmente duras de las cuales tan sólo un niño especial, un “niño prodigio” sería capaz de soportar sin perecer en el intento. En la granja se hará amigo de un niño negro superdotado y de una mujer sioux que practica la magia negra. Walt, es un “niño prodigio” y con ese nombre encabezarán todos los carteles de los espectáculos que organicen alrededor de los Estados Unidos.
Está ambientada en los años veinte de una América sonriente y los acontecimientos que suceden durante ese periodo, hasta alcanzar los años de la posguerra, comparten páginas con la historia principal de Walt, “el niño prodigio”, unas veces se cuentan desde la distancia y otras tantas se funden en las mismas vidas de los protagonistas. Se tratan temas tan diversos como el racismo, la amistad, el amor, los espectáculos, la depresión, la pérdida de la inocencia y como consecuencia la pérdida de la libertad, porque cuando uno se convierte en adulto, lamentablemente, se pierde la magia y uno desea volver a ser niño para disfrutar de la despreocupación, de la levedad de los problemas de la infancia.

La atmósfera del libro te cautiva, es una embaucadora de adultos melancólicos, te hace suya y no te suelta hasta que escupe las últimas palabras. Paul Auster se caracteriza por tener una prosa fluida que se digiere muy bien, cuyo punto de referencia es el de una imaginación soberbia, una mente inventiva envidia de muchos escritores soporíferos. La historia no deja de sorprender, toma giros imprevistos pero sin llegar a desentonar con el conjunto. Paul Auster le añade unas gotas de fantasía con otras tantas de realidad creando una obra genuina de un frescor admirable. Incluso, me atrevo a decir, que podría ser objeto de alguna de las películas del director Tim Burton, debido a sus cualidades fantasiosas. Creo que no hará falta mencionar que recomiendo su lectura encarecidamente porque las piruletas siempre saben dulces a cualquier edad.

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